¡Qué ganas tenía de hacer esta foto! Porque es en sí misma una verdad universal. Da igual la ciudad, el país, la clase social, la religión, el nivel de formación académica, la raza, la ideología política,… Da igual, el comportamiento es sistemáticamente el mismo, aunque el protagonista de nuestro post, la mujer, lo negará también sistemáticamente.
Si a una mujer o a un ciento, no hay ninguna estrategia de caza en manada, la mujer es cazadora individual; le colocas una mesa con un montón de ropa, lo bastante desordenada que le haga creer que hay una mayor probabilidad de encontrar una oportunidad, se lanzará a la carrera sobre la mesa en busca del chollo, competirá con sus semejantes a fuerza de codazos y miradas desafiantes y si hace falta llegarán a las voces. Nunca he visto llegar a las manos, lo reconozco.
Alrededor de un montón de ropa no hay reglas del juego, aquí no vale “tú llegaste la última”, “yo lo vi primero”, ni tampoco hay arbitro que intente mediar, entre otras cosas porque no serviría de nada. Es una ejemplo sencillo de libre competencia, donde las más rápidas y más fuertes, o con más mala leche, capaces de aguantar durante más tiempo codazos y empujones conseguirán las mejores oportunidades.
La foto está tomada en Bruselas, norte de Europa, país 15 por renta percápita según el FMI, en una tienda de ropa interior femenina, en la foto aparecen cristianas (lo más probable) y musulmanas, jovenes y no tanto y el tendero que lo sabe coloca a la entrada de la tienda eso, el montón de ropa chollo, resultado, el mercado libre.




